LOS EFECTOS INDESEABLES Y LA TOXICIDAD DE LOS ACEITES ESENCIALES

El poder de acción de toda sustancia y, por tanto, su eficacia van de la mano con la toxicidad si se utiliza con mala intención o en sobredosis. Los aceites esenciales quimiotipados son muy potentes y algunos de ellos podrían generar efectos secundarios o tóxicos. Los aceites esenciales de mostaza, de ricino o de sabina no se comercializan porque son vesicantes y pueden producir necrosis.


Las esencias exprimidas de las cáscaras de los cítricos contienen furocumarinas fotosensibilizadoras. Ni hablar de ponerse al sol tras una aplicación externa de esencia de limón, de mandarina, de naranja dulce… a riesgo de adquirir un tono rojo cangrejo bajo la acción de los rayos ultravioleta.

Los aceites esenciales ricos en cetonas (tuyona, borneona, mentona, atlantona) son tóxicos para los tejidos nerviosos inmaduros o frágiles y también son abortivos. Su uso por vía oral está estrictamente prohibido para el bebé lactante, la mujer embarazada o lactante y las personas mayores. Estos aceites esenciales (salvia, tuya, cedro del Atlas) no son de libre acceso para el público. Sólo el terapeuta experimentado puede manipular los aceites esenciales cetónicos por sus interesantes propiedades curativas.

Los aceites esenciales de trementina, enebro y sándalo, estimulan la actividad renal y pueden irritar los nefronas de los pacientes que sufren de insuficiencia renal. Por vía oral, estos aceites esenciales deben ser administrados con prudencia. Los aceites esenciales fenólicos o ricos en aldehídos, son a menudo agresivos para la piel, siempre deben diluirse al 20% como máximo en un aceite vegetal suavizante (avellana, almendra dulce o germen de trigo).

Por último, todo individuo que presente un cuadro médico alérgico probará el aceite esencial de esta sencilla manera: colocará en el pliegue del codo 2 o 3 gotas del aceite esencial seleccionado y esperará 10 minutos para constatar una eventual reacción cutánea, que determinará si se usa o no el producto testado.


PRECAUCIONES DE USO

Aunque la medicina veterinaria utilizó en el pasado este modo de administración, se debe prohibir la inyección intramuscular de los aceites esenciales.

El usuario prestará atención para que los aceites esenciales puros nunca se apliquen en la nariz, la oreja ni las mucosas ano-genitales. Una disolución del 5% de aceite esencial en el aceite vegetal de avellana o de sésamo permitirá la aplicación sobre estas mucosas sensibles.

Nunca se aplicarán aceites esenciales en los ojos, ni siquiera diluidos. Sólo los hidrolatos o hidrosoles aromáticos, que son aguas florales concentradas, se usarán en compresas oculares o en baños de ojos. Si por accidente el ojo recibe un aceite esencial, el primer reflejo debe ser ir al grifo y dejar que el agua corriente expulse en su mayor parte el cuerpo extraño. A continuación, un algodón empapado en aceite vegetal suavizará definitivamente la agresividad del aceite esencial.

Por último, los aceites esenciales ricos en fenoles presentarían una toxicidad para el hígado si coincidiesen las dos siguientes condiciones: una dosis elevada (superior a 500 mg por día) y un tratamiento de larga duración (más de tres meses). Por esta razón, la administración oral de este tipo de aceite esencial se hará, bien con una fuerte dosis de tratamiento agresivo durante un breve periodo, bien con una dosis pequeña durante periodos prolongados a título preventivo.

Los niños se sienten muy atraídos por estos pequeños botes olorosos y, por ello, habrá que guardarlos fuera de su alcance, puesto que son verdaderos medicamentos.

Los estudios toxicológicos todavía no son lo suficientemente numerosos para preconizar el uso general de los aceites esenciales por todas las vías de administración en las mujeres embarazadas de menos de 3 meses. La vía oral y, por prudencia, la vía cutánea en la cintura abdominal, se desaconsejan durante los tres primeros meses del embarazo.


* Del libro «Aromaterapia, El arte de curar con aceites esenciales» (Dominique Baudoux).

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