Claude Bernard decía «el microbio no es nada, la diátesis lo es todo» y, sin embargo, la medicina actual parece restar importancia a la diátesis del paciente. Se aferra con todas sus fuerzas a los tratamientos sintomáticos y se olvida del ser humano que se oculta tras toda patología. Esta situación se produce a menudo y permite una evolución inexorable de la enfermedad. Una medicina más holística ensalza una idea diferente, un enfoque global, y pretende que el restablecimiento de la armonía y la corrección del cuadro médico eliminen en la práctica todos los procesos patológicos.


El ser humano es una entidad viva de gran complejidad, en la que los componentes físicos sólo son la parte visible del iceberg. Son innumerables los estudios que subrayan el importante impacto psicosomático, más del 80% de las consultas médicas revelan la importancia de los criterios decisivos del comportamiento en el estallido de todo proceso enfermizo. Ignorar este elemento elimina toda curación definitiva. En este enfoque global de la salud, la Aromaterapia debe ocupar un lugar central, de hecho, los Aceites Esenciales se componen de una multitud de principios activos conocidos y poseen una concentración difícil de encontrar en el reino vegetal. Por tanto, estas quintaesencias naturales son, desde luego, materia, pero además todo usuario experimentado de estas sustancias confirmará la energía sorprendente que hay en su interior. Por último, la influencia de su fragancia en ciertas áreas corticales, explica su influencia en lo mental, lo psicológico y lo espiritual. Los aceites transmiten la información, cada aceite esencial aparece como un todo indisociable capaz de tratar a un individuo enfermo (y no a una enfermedad aislada de su contexto).

Junto a esta medicina aromática se encuentran las demás medicinas alternativas, otros tantos aliados para asegurar una curación total. El empleo simultáneo de dos o más de estas medicinas, permite obtener un resultado que sobrepasa con mucho la simple suma aritmética de cada una de ellas. Existe siempre una sinergia y una potenciación importante desde el momento en que el terapeuta se sirve de varias terapias alternativas complementarias.

EFICACIA DE LOS ACEITES ESENCIALES FRENTE A LOS MEDICAMENTOS QUÍMICOS HABITUALES

Comparemos, por ejemplo, la actividad antibacteriana de los aceites esenciales quimiotipados frente a la de los antibióticos. Para validar este enfoque que ofrece una prueba irrefutable de la acción bactericida de los aceites esenciales, la técnica utilizada es la del aromatograma, idéntica a la del antibiograma que prueba los antibióticos. Esta técnica, practicada en el laboratorio de biología clínica, es un método de medición in vitro del poder antibacteriano de los aceites esenciales quimiotipados. Se pueden utilizar distintos tipos de aromatogramas: en medio sólido, en medio líquido y en medio gaseoso.

La práctica cotidiana recomienda el medio sólido, más sencillo, adaptable y reproducible. Las muestras extraídas de las cavidades o de las mucosas (saliva, heces, orina, mocos, pus, frotis vaginal…) se preparan y después se ponen en contacto con diferentes medios nutritivos (gelosas enriquecidas) en cápsulas de Petri. Situada en una estufa a 37,5 °C –condiciones óptimas del cultivo-, los gérmenes patógenos se desarrollan rápidamente en el medio nutritivo.

Sobre estas colonias microbianas se disponen a continuación varias series (de 6 a 8 por cápsula) de pequeños discos de papel secante impregnados con los diferentes aceites esenciales que se quieren probar. Tras un periodo de latencia a 37,5 °C se puede medir el diámetro del halo de inhibición que rodea los discos. Cada halo (zona clara) muestra la destrucción de los gérmenes patógenos y ofrece una indicación clara de la actividad antibacteriana de los aceites esenciales utilizados.

En función de la importancia del halo de inhibición, resulta fácil establecer una clasificación de los aceites esenciales quimiotipados en relación con un espectro de actividad antimicrobiana.

Si la zona clara mide entre 2 y 3 mm, el aceite esencial posee una buena acción bactericida sobre los gérmenes probados y se le conceden dos cruces (++).

Si el halo de inhibición mide más de 3 mm, la eficacia del aceite esencial es excelente y se le conceden tres cruces (+++) por su espectro antimicrobiano.


Si no hay zona clara, el aceite esencial no desarrolla ninguna actividad sobre el germen analizado y no se conservará en el establecimiento del tratamiento.

Unos sesenta aceites esenciales quimiotipados se han probado de este modo sobre un gran número de gérmenes de clases distintas. Aunque el límite se encuentra en su carácter in vitro, el aromatograma representa, con todo, un punto de referencia esencial, ya que esta técnica es idéntica a la empleada para medir la actividad bactericida de los antibióticos. La comparación es, por tanto, fácil para todo terapeuta interesado en la evaluación de métodos similares.

CÓMO EXPLICAR LA ACCIÓN DE LOS ACEITES ESENCIALES

Los aceites esenciales penetran en el organismo por todas las vías de administración. Son fácilmente absorbidos por los tejidos cutáneos antes de pasar a la circulación sanguínea, para a continuación ser drenados en la circulación sistémica que impregnará todos los órganos principales. También pueden ser fácilmente inhalados por vía respiratoria y por los pulmones, que los distribuirán por el flujo sanguíneo.



La vía oral es ampliamente utilizada por los terapeutas. Aunque es muy alopática y cómoda, puede presentar algunos problemas de intolerancia digestiva ante algunos aceites esenciales (sobre todo aquellos ricos en fenoles). La vía sublingual (bajo la lengua) tiene una alta densidad vascular y es destacable su eficacia porque combina la ingestión de la materia prima y de la energía contenida en el aceite esencial.

La vía rectal es una de las mejores para medir la rapidez de acción y la eficacia fuera de lo común de estas quintaesencias frente a numerosos casos agudos. Las venas hemorroidales las absorben y pasan a la vena cava, que distribuirá los activos aromáticos por todos los órganos. La forma de supositorio se recomienda en pediatría y evita el sistema digestivo. Éstas son ventajas nada desdeñables que hay que tener presentes.

Por último, estas moléculas aromáticas volátiles, son captadas por miles de quimiorreceptores en la zona del epitelio olfativo y son posteriormente transmitidas a la central del olfato, situada en el centro de la corteza límbica. Allí, cada olor percibido se comparará con la experiencia olfativa, evidentemente personal, del paciente y, en función de la información memorizada y emocional, se leerá un olor como «agradable» o «desagradable», «atractivo» o «repugnante». El interés evidente de un trabajo por vía olfativa se debe a que es el único de nuestros sentidos que evita el paso preliminar por el neopalio. De forma casi insidiosa (porque es inconsciente), los activos volátiles entran en primer lugar en la corteza límbica y provocan una reacción independiente de la voluntad, lo que permite la modificación de comportamientos frente a las dependencias (bulimia, tabaquismo, alcoholismo, obsesiones diversas) o incluso, en manos malintencionadas, la posibilidad de manipulación, como las que se relatan de forma maravillosa en la novela de Patrick Suskind: “El Perfume”.

No es sorprendente que el sentido del olfato sea tabú, ya que afecta a lo más profundo de la persona, a su intimidad. Eminencia gris, guía infalible, el olfato está íntimamente vinculado al mayor proceso vital de todo ser vivo: la respiración. De la misma forma que es imposible no respirar, es igual de ilusorio no querer sentir, de ahí que existan expresiones como “este asunto no me huele bien” o “estoy hasta las narices de algo”.

La ciencia que describe las percepciones olfativas de los activos volátiles se denomina Aromacología, mientras que la terapia que trabaja sobre los receptores neuro-olfativos, se denomina Olfatoterapia.

0 comentarios