El término "Aromaterapia", creado en 1928 por el farmacéutico francés René Maurice Gattefossé, designa el empleo de los Aceites esenciales provenientes de las plantas aromáticas para tratar patologías y mejorar la salud y el bienestar.


En contra de la opinión de la inmensa mayoría, la Aromaterapia no sólo es una terapia con aromas, sino una terapia con plantas aromáticas de las que se extraen los Aceites Esenciales. En la actualidad, la acción terapéutica de los Aceites Esenciales está cosechando un enorme éxito en el mundo entero que se explica por varios factores:



Muy concentrados y bioquímicamente definidos, los aceites son eficaces en numerosos y variados dominios: patologías víricas, bacterianas y parasitarias, con independencia de los órganos a los que afecte; afecciones inflamatorias y dolorosas de músculos, tendones, articulaciones... pero también de los trastornos vinculados a la disfunción del sistema nervioso.

Los aceites pueden utilizarse en su estado puro en difusión atmosférica, por vía cutánea y oral, además, pueden diluirse en toda proporción en Aceites Vegetales u otros excipientes grasos como cremas o ceras.

Aprovecharse de la naturaleza conlleva unas necesidades para las que la Aromaterapia propone volver a descubrir un arte más que milenario en todos los rincones del planeta.

Repletos de principios activos, los Aceites Esenciales poseen una energía extraordinaria que permite, además, revitalizar a los individuos cuya rutina diaria reduce el dinamismo y la inmunidad frente a agresiones externas de todo tipo.

Desde tiempos inmemoriales, los pueblos indígenas de todas las civilizaciones del mundo han empleado plantas tanto para curarse como para venerar a los dioses. Esta dualidad enfermedad-divinidad es todavía más flagrante cuando hablamos de plantas aromáticas, de ahí que se utilizaran las fumigaciones tanto para curar enfermedades como para conciliar a los dioses.

Lo que hoy en día puede parecer ridículo, refleja el hecho de que el pensamiento, el cuerpo y la mente vibran al unísono y que la salud está ante todo en la cabeza. Mens sana in corpore sano es la consigna aconsejable. Los Aceites Esenciales proporcionan una materia excepcional porque sus fragancias pueden actuar en la mente mientras que su concentración bioquímica de principios activos de terpina, tratará los diferentes trastornos orgánicos asociados. Hace ya treinta mil años que los aborígenes del continente australiano explotan todo lo que la naturaleza les ofrece, gracias a su magnífico conocimiento intuitivo de la flora indígena que les capacita para utilizar de manera cotidiana las hojas de Melaleuca, cuyos aceites esenciales son de capital importancia en el arsenal terapéutico de la medicina aromática.

En India, una de las regiones del mundo con mayor riqueza en plantas aromáticas, la medicina ayurvédica utiliza para sus tratamientos plantas locales de aceites esenciales considerados como el prana (el aliento de vida aportado por la energía de los aceites esenciales).

Otra cuna de la fitoaromaterapia es, sin duda, China, donde se encuentra la más antigua farmacopea que recoge más de ocho mil fórmulas: el Pen Tsao.

Sin embargo, la civilización más adelantada en cuanto al uso de los aceites esenciales ha sido siempre la egipcia en la época de los grandes faraones. Las escrituras egipcias nos muestran con profusión el conocimiento y la sabiduría de grandes médicos y sacerdotes que utilizaban con asiduidad plantas aromáticas para embalsamar, porque eran conscientes de las cualidades de algunas de ellas para combatir las bacterias y la putrefacción. Además, los egipcios destacaron por saber elegir y fabricar aceites aromáticos como arma de seducción y encanto en las relaciones humanas o como vehículo de intención y mediumnidad para dialogar con sus dioses.

Por su parte, los griegos difundieron la sabiduría egipcia en toda la cuenca mediterránea por medio de sus médicos al servicio de la Roma antigua, pero también gracias a Dioscoride, el padre de la medicina occidental , quien redactó una obra de vital importancia: De materia médica. En este libro recomendaba estimular nuestros propios poderes y nuestra fuerza para curarnos, así como usar las plantas de nuestro entorno para luchar contra las enfermedades. 

De todos modos, el arte de extraer los aceites esenciales por el proceso de destilación con vapor de agua, procede del mundo árabe, donde el gran médico Avicena creó el alambique que permite obtener aceites esenciales. El procedimiento actual retoma los mismos principios básicos que este médico había desarrollado allá por el año 1000. En aquella época, Europa atravesaba un periodo oscuro, por lo que hubo que esperar hasta el siglo XII para que la Aromaterapia se introdujera definitivamente en Occidente. De regreso de las cruzadas, los caballeros traían consigo los descubrimientos de la destilación con vapor de agua y la utilización de los aceites esenciales.

En la Edad Media, los boticarios -o farmacéuticos- se hacían llamar aromatherii y por fin, con la llegada de la imprenta en el siglo XV, los conocimientos pudieron difundirse con mayor rapidez, recogidos en farmacopeas, auténticas recopilaciones de recetas naturales. En la actualidad, muchos medicamentos de uso común, siguen teniendo como base la materia vegetal sin que la síntesis química haya conseguido copiar con exactitud la perfección de la naturaleza.

No obstante, la Aromaterapia como terapia puntera en medicina natural, está ante todo vinculada a la tradición médica francesa, país donde ha destacado la extracción industrial por destilación con vapor de agua gracias a importantes personajes (René-Maurice Gatterfossé, Sévelinge o Pierre Franchomme), que ennoblecieron este arte.

Las medicinas alternativas confirman su éxito y la fitoaromaterapia está avalada por su eficacia científicamente probada. De nada sirve emprender una lucha por optar solamente por productos sintéticos o por productos naturales, sino que cabe reconocer de manera objetiva y abierta los beneficios de la alopatía y admitir la eficacia de los principios activos naturales. Entre estas dos formas terapéuticas no existe incompatibilidad de coexistencia y las diferencias entre ellas no son tan grandes como nos quieren hacer creer. El futuro de la medicina aromática será prometedor porque se encuentra en el inicio de su nueva evolución. Conviene confiar en esta naturaleza imprevisible y enriquecedora porque aporta soluciones creíbles y eficaces contra patologías incurables con las que fracasa constantemente la química de síntesis.

* Del libro "Aromaterapia, El arte de curar con aceites esenciales" (Dominique Baudoux).

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